Estrés, un mal de la modernidad

Potenciado por las nuevas tecnologías que impiden la desconexión e interfieren con el necesario descanso, el estrés crónico tiene un impacto muy alto sobre la salud, especialmente sobre la salud cardiovascular

Por Sebastián A. Ríos

No todo estrés es negativo, se apresuran siempre a aclarar los especialistas: después de todo, el estrés es una reacción del cuerpo ante aquello que se percibe como una amenaza, reacción que nos permite sortear distintos peligros. Pero, acto seguido, los mismos especialistas recuerdan que el estrés que sí tiene un efecto pernicioso sobre la salud es aquel que se instala en forma crónica, y que redunda en un mayor riesgo de afecciones. Basta mencionar que estar sometido a una situación de estrés crónico aumenta un 27% el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca.

“Si bien el estrés no es algo nuevo, se puede afirmar que hoy la sociedad lo sufre mucho más que décadas atrás –sostiene el doctor Alejandro Deviggiano, coordinador del Departamento de Estudios Cardiovasculares no Invasivos de Diagnóstico Maipú–. En primer lugar, hay que tener en cuenta que la modernidad viene acompañada de un ritmo de vida mucho más acelerado y exigente. Esto se da sobre todo en las ciudades, donde las distancias son mayores, los medios de transporte están sobrepoblados y las calles son caóticas. Todo esto redunda en que tengamos menos tiempo de ocio, algo indispensable para tener nuestra mente relajada”.

Tener que hacer frente a una agenda sobrecargada de actividades y compromisos, a la presión en el trabajo, a la falta de sueño, a un estado de alerta constante y miedos son todos factores cotidianos que reportan una cuota extra de estrés. Y a eso se suma la tecnología: “El uso de computadoras y celulares como herramienta de trabajo impide desconectarse por completo. Hoy todos hacemos muchas cosas a la vez: enviamos mensajes a través del celular, utilizamos la computadora y miramos televisión. Todo esto genera una gran cantidad de información y no permite que nuestra mente descanse, lo cual produce altos niveles de estrés”, agrega el doctor Deviggiano.

Pero el impacto del estrés no sólo lo acusa el sistema cardiovascular. Hay estudios que muestran que estar sometido en forma crónica a situaciones de estrés afecta la producción de nuevas neuronas en el hipocampo, una región del cerebro en la cual se procesa el aprendizaje, la memoria y las emociones. Asimismo, el estrés crónico interfiere con los procesos de consolidación de la memoria, además de las funciones ejecutivas y la toma de decisiones, lo que redunda en que la persona experimente más dificultades para organizar y enfrentar las demandas diarias. Todo lo que a su vez realimenta el estrés al que se ve sometida la persona.

“El estrés crónico afecta la salud mental de las personas, dado que libera sustancias como el cortisol que pueden afectar el estado mental y por lo tanto la regulación emocional de los individuos”, explica la doctora María Poulisis, especialista universitaria en Psiquiatría de la Universidad de Buenos Aires (UBA). “Si bien el cortisol liberado en niveles adecuados durante un tiempo corto permite al organismo recuperar la energía utilizada durante la fase de lucha o escape ante un estrés agudo, facilitando la adaptación a esa situación, si el factor de estrés permanece por más tiempo el cortisol persiste elevado pudiendo perjudicar diferentes sistemas como el hipocampo, crucial en el procesamiento de la memoria”, agrega.

Cuando ante una situación de estrés crónico los niveles de cortisol en el organismo permanecen elevados durante mucho tiempo, dependiendo de la vulnerabilidad biológica determinada genéticamente de cada persona, es posible desarrollar diferentes trastornos psiquiátricos, especialmente depresión, trastornos de ansiedad y alcoholismo entre otros, enumera la especialista.

Más vulnerables

Por otro lado, no todos somos iguales ante el estrés. Se sabe que tiene un mayor impacto sobre la salud de la mujer que sobre la del varón. “Se ha comprobado las mujeres son dos veces más vulnerables al estrés que los hombres –explica el doctor Deviggiano–. Esto se debe a una razón biológica, ya que el peso de las hormonas hace que el estrés la afecte de un modo distinto. En este sentido, se puede afirmar que el cerebro femenino es más sensible a la corticotropina, una hormona producida en momentos de ansiedad. No solo es más susceptible a ella sino que tampoco tiene la capacidad de afrontarla cuando se presenta en niveles altos, lo que hace más difícil a las mujeres poder controlar el estrés”.

Pero tanto en varones como en mujeres, es importante estar atentos a los síntomas físicos y emocionales que se asocian al estrés. Algunos de los signos más frecuentes: depresión, ansiedad, irritabilidad y miedo; pensamientos recurrentes como excesivo temor al fracaso, excesiva autocrítica, olvidos frecuentes y dificultad para concentrarse; conductas como el trato brusco hacia los demás, incremento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; y cambios físicos: tensión muscular, manos frías o sudorosas, insomnio, dolores de cabeza, indigestión.

“La primera sugerencia ante una situación de estrés crónico es evaluar qué factores son evitables y cuales no –advierte la doctora Poulisis–. Muchas veces podemos hacer cambios en nuestra vida para no exponernos a situaciones de estrés crónico o bien utilizar herramientas que nos permitan enfrentar con mayor habilidad esa situación. La psicoterapia, el mindfulness, la consulta con un psiquiatra si fuera necesario o los antidepresivos pueden tener un efecto protector ante una situación de estrés  de la que no podemos salir, como puede ser la enfermedad crónica de un ser querido”.

El ejercicio físico, el control de hábitos (sueño, alimentación, abuso de alcohol, tabaquismo etcétera), evitar el aislamiento social y emprender actividades nuevas, incluyendo actividades placenteras, protegen de los efectos del estrés crónico en nuestra salud física y mental, agrega la médica psiquiatra especialista en terapia dialéctico-comportamental. En síntesis, estas son algunas recomendaciones para controlar el estrés:

  • Comer sano, dormir bien y hacer ejercicio son claves para combatir el estrés. Claro que existen otras medidas más puntuales que colaboran en la tarea:
  • Reconocer y aceptar las cosas que no se pueden cambiar. Por ejemplo, no se puede cambiar el tener que manejar durante la hora pico, pero uno puede buscar maneras de relajarse en el trayecto, como escuchar tu música preferida o un audiolibro.
  • Cambiar la perspectiva. Intentar desarrollar una actitud más positiva frente a los desafíos. Siempre se puede ver el “vaso medio lleno”.
  • Aprender técnicas de relajación. Ayuda a disminuir el ritmo cardíaco y reducir la presión sanguínea. Existen muchas maneras, desde respiraciones profundas y meditación hasta yoga.
  • Conectarse con los seres queridos. Pasar tiempo con familiares y amigos puede ayudar a combatir el estrés.
  • Aprender a decir que no. Si el estrés se origina por realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, establecer límites es fundamental para equilibrarse.

Recuadro: Los efectos protectores del arte

“El arte es y puede ser utilizado como herramienta para fortalecer la salud”, afirma la licenciada en Artes Visuales Laura Podio, directora de Psicología Desde el Arte (Psidear), que señala que “dentro de las técnicas que permiten bajar el estrés (y más allá de la meditación que es casi el prototipo de las mismas) podemos encontrar la actividad artística, sobre todo aquellas en las que se genere el mismo efecto fisiológico de la meditación”

La licenciada Podio explica que “cualquier actividad en la que podamos absorber nuestra atención nos hace perder el sentido lineal del tiempo; nos lleva a un espacio donde perdemos el registro sobre cuánto tiempo pasó desde que iniciamos la actividad. Y esto es lo que sucede con los mandalas, por ejemplo.

 Su acción a niveles terapéuticos es muy profunda, ya que tan sólo su observación provoca un reflejo de identificación con el orden. A su vez genera la necesidad de utilizar las formas y colores de una manera rítmica, y ese mecanismo es propio del trabajo del hemisferio cerebral derecho, el holístico, el que “sabe” meditar y logra un estado en la mente que reduce la tensión, el estrés por medio de la activación de neurotransmisores. Ese estado particular de la química del cerebro y del cuerpo es similar a la que sucede cuando meditamos”.

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