En las profundidades

El planeta resguarda maravillas submarinas que pueden dejarnos con la boca abierta. Bajo el mar, un mundo flotante se pone en movimiento y luce su esplendor frente a las antiparras de los buceadores.

«Bajo el mar eres feliz», popularizó Sebastián, el cangrejo de un naranja furioso que debía ser el guía de la Sirenita. Ni que hablar del aluvión de colores y la profundidad de los paisajes que pudimos ver en el arrecife en el que habitaban Nemo y su papá. Desde niños, la vida submarina es uno de los grandes encantos en los que deseamos sumergirnos. Con tubos de oxígeno, patas de rana y antiparras es posible conocer la fauna y la flora que flotan en agua salada. Hay lugares que son especialmente paraísos subacuáticos, y de ellos nos ocuparemos. En América Latina, hay muchos rincones que son dignos de visitar, pero sin dudas la Isla de Pascua es uno de los que se destacan. Rodeada de las aguas más claras que se pueden encontrar en el planeta, la visibilidad en las profundidades de esta isla chilena situada en la Polinesia alcanza los 60 metros. A esto se suma la temperatura agradable, que oscila entre los 18 y los 20 grados, y los terrenos accidentados (con arcos, cavernas, acantilados) propios de su origen volcánico.

La ansiedad va ganando los ánimos de quienes se acercan a los mejores puntos para sumergirse: Vai A Heva, Moái y Acantilados. El primero de ellos está en la Bahía de Hanga Roa, donde a los 12 metros ya se pueden ver peces tropicales multicolores y una gran cantidad de corales. Es especial para quienes se inician, pues la luz y la baja profundidad dan confianza. En Moái, la profundidad casi se duplica respecto de Vai A Heva. Su nombre no es casual, pues allí se puede descubrir cómo se ve el moái bajo el agua, una réplica de los sorprendentes tótems que fue puesta artificialmente. Además, la naturaleza aporta paredes de coral, típicas del arrecife, y numerosos po’o’poo, una variedad de pez que puede alcanzar un metro de longitud.

La última opción de la isla es Acantilados, donde es posible bajar hasta 36 metros. Su nombre deriva del gran acantilado de unos 200 metros de longitud que protagoniza el paisaje. Al bajar, además de ver la pared irregular, se puede pasar por un arco y por una caverna con salida en tubo. Es muy frecuente encontrarse con langostas y rape rape (una especie de grillo de mar). Solo para audaces.

Siguiendo camino al norte, en la costa pacífica de Ecuador está San José, con una visibilidad de hasta 15 metros. Su momento álgido es entre mayo y agosto, cuando sus aguas se llenan de rayas marinas y la fauna está en su apogeo; entonces, es posible visualizar pulpos, langostas y peces de variados colores. Algunos de los puntos de buceo recomendables son: Islotes Ahorcados, Bajo el Copei e Islote El Pelado.

Acá nomás

Nuestra Patagonia también tiene zonas de buceo. «La más conocida es Puerto Madryn, considerada la capital nacional de este deporte. Es tan interesante ahondarse en sus profundidades que esta ciudad está incluida en el trío de destinos mundiales para bucear con lobos, que se termina de formar con Galápagos y Baja California», relata Damián Giuliano, director de la escuela Acqua Buceo.

A 25 minutos de Golfo Nuevo, está la zona protegida para encontrarse con los lobos marinos. Es una región de agua fría, que puede llegar a los 8 grados entre mayo y octubre. «Se realiza un tipo de buceo especial, ya que el buzo debe permanecer en un mismo lugar, muchas veces arrodillado, a la espera de los animales, que son juguetones y se aproximan naturalmente. En verano también se puede hacer una excursión de snorkelling con los lobos marinos, una opción ideal para las familias que viajan con chicos menores de 12 años», cuenta el especialista.

Otro destino nacional excelente es el Lago de los Reynos, en Mendoza. «Allí se puede hacer buceo deportivo y técnico –explica Giuliano–. Los más experimentados pueden bajar más de 40 metros y probar las diferentes mezclas respiratorias como oxígeno, nitrógeno y helio». Una actividad que condensa todo: placer, turismo, paisajes y deporte.

Tips para animarse a bucear

En la Argentina, hay distintas escuelas de buceo en las que es posible adentrarse en la técnica especial para bajar a las profundidades. Según Damián Giuliano, director de Acqua Buceo e instructor con más de quince años de experiencia, estas son las recomendaciones que hay que seguir antes de la primera aventura submarina:

  • Edad requerida para bucear: 12 años en adelante.
  • No es obligatorio saber nadar; basta con flotar y perderle el miedo al agua.
  • Hay que hacer un curso llamado Open Water Diver. Al terminar se puede obtener la Certificación Internacional, que permite bucear libremente en todo el mundo hasta 18 metros de profundidad. Por lo general, consta de ocho clases teórico-prácticas de dos horas cada una, que incluyen el material de estudio y las tablas de descompresión.
  • Quienes deseen ampliar sus conocimientos en este deporte pueden continuar realizando toda clase de cursos: buceo avanzado, buceo de rescate, buceo en cavernas, buceo nocturno y más. También existe un curso específico para quienes desean relajarse, aprender a controlar la respiración y realizar ejercicios: «Buceo stress y acondicionamiento».
  • No es necesario estar en una excelente condición física: bucear es un ejercicio que puede ser realizado por personas de todas las edades y contexturas físicas. Es recomendable para quienes tienen dificultades motrices, ya que ayuda a tonificar el cuerpo y trabaja ambos hemisferios de la cabeza.
  • Para personas con limitaciones o discapacidades físicas, existe el buceo adaptado.
  • La regla número uno es que el buceo se practica siempre de a dos, por lo cual es una actividad perfecta para realizar en pareja.
  • Existen diferentes técnicas, como buceo con snorkel, buceo con apnea y buceo con mezclas de aire enriquecido con gases como nitrox o helio.

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